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Jimmy el Angel Middleton
La historia dice de él que fue un rudo y sangriento pistolero nacido en Nuevo México en 1867, y que murió en la horca 19 años después, acusado de varios asesinatos y un puñado de atracos. Pero la mayoría de las biografías de Jim Middleton, más conocido como "Jimmy el Ángel", omiten gran parte de lo que en realidad ocurrió.
Su padre, Edward S. Middleton, era sheriff de un pequeño pueblo llamado Kirtland, pero fue retirado del cargo cuando se hizo público su aventura extramatrimonial con la hija del gobernador local. Ella y él fueron desterrados, y trataron de establecerse en Tucson, Arizona. Las cosas allí no fueron mucho mejor, pero al menos consiguieron sobrevivir con un mínimo de dignidad, al menos los primeros años. Jimmy fue el primer vástago de la pareja, y dos años después nació Julia. La madre no soportó un segundo parto, y falleció a los pocos días. El viejo Edward agravó su adicción a la bebida, y así, Jim y Julia se criaron prácticamente solos, con la única ayuda de la señora White, que altruistamente cuidaba de los hermanos.
El día que Jim cumplió los 14 años, se encontró una desagradable sorpresa al volver a casa antes de lo previsto. Su padre, que no había conocido mujer desde hacía años, se desfogaba a la fuerza con su única hija. Jimmy no pudo permitirlo, y mató a su padre con el revolver que aún conservaba éste de sus tiempos como agente del orden. Un par de tiros certeros en el pecho le segaron la vida. El primer asesinato de los veintidós que cometería Jim en su corta vida.
Por desgracia, la frágil Julia murió también a causa de la infección que le habían causado los desgarros en su cuerpo de niña. Ahora Jimmy estaba solo, y la vida en aquellos años no era precisamente fácil. Vendió la propiedad familiar al cacique del pueblo, y salió a buscarse la vida por el estado con tan solo un revolver y unos cuantos dólares en el bolsillo de su raído chaleco de cuero.
En esas circunstancias, y conociendo lo fácil que había sido matar a un hombre, no dudó en apretar el gatillo un par de veces más cuando unos asaltantes habían tratado de robarle el dinero, y puede que algo más. Por aquel entonces Jimmy era un joven espigado, de cortos cabellos rubios y de cara angelical, y bien pudiera haber sido presa de un par de forajidos que no conocían el calor de una hembra sin pagar antes la factura.
Un par de meses después de haber comenzado su nueva vida errante, fue a dar con sus huesos a un rancho situado en la frontera entre Arizona y Nuevo México. Necesitaban mozos para cuidar del ganado y Jimmy no estaba en condiciones de rechazar una cama y comida caliente. A fin de cuentas, desde los 7 años se había dedicado a cuidar el ganado familiar, y estaba familiarizado con el trabajo.
Fue allí donde conoció a Frank, un joven vaquero de 17 años que se ganaba la vida cuidando a los caballos de la finca. En su corta estancia allí, Jimmy aprendió a montar, lo que le sería muy útil en años posteriores, pero también descubrió un aspecto fundamental de su personalidad que condicionaría el resto de su existencia.
Ocurrió una calurosa noche de agosto, de esas en las que el sudor empapa hasta las ideas. Frank y Jimmy dormían en la misma estancia, acurrucados en dos camastros de paja junto al establo. Ambos descansaban desnudos, pues el pudor en aquellas circunstancias era poco conveniente. No hacía mucho que Jimmy había descubierto que acariciándose la polla obtenía sensaciones inenarrables, y Frank no había tardado en notarlo. Aquella noche no pudo resistirse más, y cuando Jimmy comenzó a masturbarse, se deslizó hasta su catre con intención de calmar su calentura. Se metió la polla de Jim en la boca, y no la soltó hasta que éste se corrió. Había sido su primera experiencia, pero desde aquella noche ese tipo de encuentros fue algo habitual. Nunca llegaron a comentar nada, simplemente se desfogaban ante la ausencia de mujeres con las que hacerlo. Aunque le aterró la idea, Jimmy pensó que comprendía lo que había hecho su padre. El sexo era la fuerza más poderosa que había experimentado nunca.
Todo iba bien hasta que Frank cometió un error, confesarle a Jim lo que sentía por él. El joven no estaba preparado para aquello, y la emprendió a golpes con él hasta dejarle medio muerto. Él era un todo un hombre, y aquellas confianzas no eran de su agrado. Pese a todo, le dejó con vida, y huyó esa misma noche para no volver jamás.
De nuevo volvía a estar solo vagando, pero ahora tenía una necesidad más que saciar, además de las estrictamente fisiológicas. Aguantó un mes a base de masturbarse varias veces a lomos del caballo que había robado del rancho, pero no era suficiente. Una tarde, poco antes de ponerse el sol, divisó en la lejanía a un joven indio, que se bañaba solitario en un río. Conocía aquella zona y sabía que el poblado más cercano estaba a un par de horas, así que viendo la oportunidad perfecta, decidió atacar.
Se acercó por detrás de unas rocas, y antes de que el nativo tuviera tiempo de salir del agua, Jimmy lo encañonaba con el revolver de su padre. Sabía que no se entenderían, pero para lo que el quería no hacían falta palabras. El joven, de apenas 12 años e imberbe, estaba aterrorizado, y sollozaba pidiendo clemencia. Jim no se inmutó, y le agarró de la melena obligándole a agacharse. Se desabrochó el pantalón, y golpeó su cara con su polla hinchada en sangre.
El indio tardó en captar la indirecta, pero finalmente comenzó a chupar, tratando de complacer al blanco que le amenazaba para salvar el pellejo. La pasión que ponía fue suficiente para convencer a Jim, que tras dos corridas consecutivas decidió perdonar la vida al joven, no sin antes devolverle el favor. Se sorprendió a si mismo mamándosela a aquel salvaje despreciable, pero descubrió que también deseaba dar placer.
Al día siguiente, se reencontró con el nativo en el mismo lugar, y con el paso del tiempo, forjarían una extraña amistad. Él pertenecía a los Hopi, y su nombre sonaba como "Chopaisi" o "Chopesi", y venía a significar "pájaro blanco". Desde aquel primer encuentro, el sexo fue algo fundamental en su relación, y trataban de encontrarse en el riachuelo cada tarde, poco antes del atardecer.
Todo fue bien hasta que el joven nativo fue descubierto por su padre, y éste, por no deshonrar a su tribu, desterró a su hijo. Jim no volvió a verle hasta años más tarde, cuando lo encontró agonizante tras repeler una emboscada. Aquello fue muy duro para él, pues fue la primera vez que descubrió el amor y la experiencia marcaría el resto de su vida.
Tras par de años malviviendo de un lado para otro, se instaló en Santa Fe, y allí conoció a Tom Harlan y a Walter Hawks, dos atracadores de poca monta que acabarían formando parte de su banda. Pese a doblar prácticamente la edad a Jimmy, no dudaron en ponerse a sus ordenes tras los dos primeros golpes, dada la gran habilidad del chico a la hora de planear los asaltos. Estudiaba las vías de escape, todas las posibles complicaciones, e incluso, donde ir si las cosas se ponían feas, asuntos que Harlan y Hawks siempre habían subestimado.
Por lo visto, y aunque no hay pruebas concluyentes, Jim sometía a sus dos compinches a numerosas vejaciones sexuales, que ambos debían aceptar a cambio de su parte del dinero. Solo se ha encontrado la carta de suicidio de Hawks, en la que habla de que mató a gente que no merecía morir, robó a gente que necesitaba el dinero más que él, y se sometió a gente más joven que él.
Los sheriffs de la zona habían puesto precio a su cabeza, y no tuvieron que esperar mucho para verle colgado de una soga. Una vez más, fue el sexo quien le arrastró a su fin. Jimmy se había encaprichado del hijo del sheriff de Tesuque, un pueblo cercano, tras un asalto a la oficina de correos del lugar. John Dunson, que así se llamaba el desafortunado muchacho, acudió junto con su padre a detener a los ladrones, pero aunque pudieron escapar, estuvieron muy cerca de cogerlos.
Jim se quedó prendado con la belleza del chico, y no paró hasta que consiguió lo que quería. Una noche, John sintió un ruido en su ventana y se levantó para comprobar que había sido. Cometió el error de no coger la pistola que guardaba en la mesilla, y cuando quiso darse cuenta, el Ángel lo tenía encañonado y le ordenaba que se desvistiera. Pese a no entender nada, Dunson obedeció, mostrando su joven y pálido cuerpo desnudo al asaltante, a quien enseguida reconoció como el atracador de hacía unas semanas.
Jimmy se desnudó también y se dedicó a chupársela al chico, con la excusa de que aprendiera a hacerlo y luego lo repitiera. Aun con toda la presión encima de estar siendo forzado, John se corrió como nunca, y accedió a devolver la mamada casi sin oponer resistencia. Jim le paró al poco rato, y tumbándole en la cama, le penetró brutalmente. El chico no pudo soportar el dolor y cayó desmayado, y cuando recobró el sentido, Jimmy yacía a su lado completamente dormido. Era su oportunidad de demostrar a su padre que podía ser un buen ayudante, así que se vistió y detuvo al joven.
No fue difícil encontrar varias decenas de causas contra él, incluidos más de 30 robos, 12 asesinatos y otras tantas violaciones. Declarado culpable de todas ellas, la horca fue su destino, y tras varios aplazamientos, fue ejecutado el 24 de octubre de 1886, como quedó reflejado en las actas del tribunal de Santa Fe. Dada su inconfesa homosexualidad, no dejó descendencia, aunque varias mujeres trataron sin demasiado éxito de conseguir notoriedad declarando a la prensa haber sido novias de Jimmy. Aunque es posible que se acostara con alguna mujer a lo largo de su corta pero intensa vida, la posibilidad de que tuviera realmente alguna relación estable es verdaderamente remota. |
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