| jovenes gay | sexo gratis gay | Las fotos gay | Los videos gay | sexo gay |
Parejas gays. Fotos de sexo gay totalmente gratis. El mejor sexo gay lo podrás encontrar aquí. Miles de fotos y videos gay gratis
VOLVER A LA PAGINA PRINCIPAL DE FOTOS GRATIS GAY
Ni siquiera sabía llegar, pero preguntando lo encontré.
Y allí estaba. Nada vez verlo, me volví y me escondí. No daba crédito a
mi mismo. Con lo tímido que soy y la cara que estaba echando al tema!!!.
Me estaba volviendo loco, sin duda. Este era el límite de lo que era
capaz de hacer. Me dispuse a llamarle para decir que había tenido un
imprevisto, pero me había visto, me vio volverme y esconderme.... Desde
luego, no soy un as jugando el escondite... No te preocupes, me dijo, a
mí la primera vez me costó decidirme, pero mereció la pena.
Yo no podía quitar mi cara de pavo, y mi sonrisa de idiota, por haber
sido pillado. Pero me inspiró mucha confianza y me tranquilizó bastante.
Si había llegado hasta allí, no creo que perdiese nada. Era más bajo que
yo, con pinta de deportista, pijillo, guapote. El pelo negro corto, los
ojos negros muy profundos, y muy simpático. Su sonrisa hacía un hoyuelo
gracioso, y miraba directamente a los ojos, lo que me gustaba.
Como era tarde, decidimos cenar en una pizzería. No pude dejar de lado
mi nerviosismo en ningún momento, y me obsesionaba la situación de mi
paquete, porque no paraba de estar empalmado ante tal evento...
Sin embargo, el vino de la comida, que estaba buenísimo, hizo su
efecto... y poco a poco empecé a relajarme, y a soltarme, y a no parar
de charlar, hasta que... upps, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo
hasta mi último pelo.... Su mano fue subiendo desde mi rodilla hasta mi
polla, que estaba más tiesa que el pirulí de TVE. Él disimulando como si
se le hubiera caído algo en el suelo. Yo me quedé mudo, y me entró tal
calentón... ¿Nos vamos?, preguntó. Asentí con la cabeza ante mi falta de
expresión. Pagamos y nos fuimos andando, yo con las manos en los
bolsillos para que no se me notara el bulto que me iba a estallar.
Me dijo que tenía su coche cerca y que me llevaría a dar una vuelta por
un sitio agradable. Me senté de copiloto, y se me acercó a mi cogiendo
con firmeza mi paquete, susurrándome al oído que me lo iba a pasar muy
bien. Por un momento estuve a punto de abrir la puerta y salir huyendo,
pero ya estaba en marcha y con la suficiente velocidad como para sufrir
un suicidio si saltaba. Desde luego no sabía como afrontar aquello.