Mis manos no dejaban de acariciar su espalda y apretar con fuerza sus nalgas duras por esas horas de gimnasio. No tardamos demasiado en llegar a su domicilio, subimos en el ascensor hasta la planta tercera y entramos en un apartamento, que solo entrar se encontraba un salón comedor con una cocina americana y una puerta que daba a su habitación donde se encontraba el cuarto de baño. Su habitación tenía una cama enorme con una gran puerta corredera que daba a una pequeña terraza desde donde se divisaba Monjuich. El metro poco a poco fue bajando la gente y el espacio era cada vez más holgado, así que me arme de valor y me di media vuelta para enfrentarme cara a cara con mi hombre desconocido. No es eso es que no he tenido demasiadas relaciones. Su habitación tenía una cama enorme con una gran puerta corredera que daba a una pequeña terraza desde donde se divisaba Monjuich. |