No tenemos dinero. Lentamente, arranqué el taxi apartándolo del bordillo, dejando poco a poco atrás el bullicio de gente. Su rostro, enrojecido por la excitación, tenía una expresión de lujuria como yo no había visto antes. Enseguida encontré un ritmo adecuado con las dos manos, de forma que masturbaba a las dos chicas a un tiempo. Tremendamente obedientes (no sé de qué coño se quejaban sus padres) las dos chicas se deslizaron hasta el suelo, quedando cada una a un lados de mí, arrodilladas en el suelo. ¿Qué? ¿Te vas a poner mojigata? Pues antes he visto que Manu te sobaba el culo. |