Pediremos la cuenta y al salir me darás la mano. Entonces te apartaste de mi, dejando mi verga en paz, para tranquilidad de mi espíritu. La tersura de tus manos, la firmeza de tus formas, la dulzura de tu lengua y el olor de tu sexo me llevaron al siguiente paso: te acosté boca abajo, bajé tus bragas, abrí tus piernas y hundí entre ellas mi boca y mi nariz, para aspirar y paladear tus olores y tus fluidos. Tu cuerpo, estrechándose con el mío, al cielo y la gloria. Tracé marcas, dibujé mapas sobre tu cuerpo ardiente, busqué tu vagina bajo la braga, descubriéndola mojada y olorosa. El resto de la tarde, besándonos y acariciándonos como dos adolescentes, la pasaremos de plaza en plaza y de bar en bar, admirando la ciudad. |