Me pareció interesante. Nos miramos con devoción, y nuestras lenguas se volvieron a buscar, hicieron de las suyas calentando aún más la situación. Y sin esperar a que le diera el OK, me propone: ¿Te parece bien a las 22:00 hs. Sólo se escuchaba el chasquido de sus dedos empapados, ese ruido tan característico cuándo la vulva está completamente extasiada y dilatada. Sin dejar de besarme me empujaba hacia atrás hasta hacer tope contra la puerta del baño abnegando la entrada a cualquiera inoportuna que quisiera interrumpirnos. Sobre la butaca yo me retorcía de placer mientras acariciaba su cuello, y trayéndolo hacia mí, lo besaba. |