Recuerdo que dirigí una de mis manos temblorosa y sudorosa hacia uno de ellos, al tiempo que por el rabillo del ojo me di cuenta que un hombre se dirigía hacia donde yo estaba. No os miento sí os digo que aquello me estaba gustando, pero aunque estuviera disfrutando también os afirmo que estaba cansada de la posición. Por pura inercia, quizás llevada por la excitación o por que no quería dejar de masturbarme, deje de acariciarme con mi otra mano, llevando esta hacia mi pubis. Después de varios minutos de espera, mientras escuchaba pasos de arriba y abajo, como sí estuviera buscando una cabina libre donde meterse, una vez que estos cesaron me retiré de la puerta dirigiéndome hacia el sillón, donde me senté a modo de poder calmarme y coger aire ya más tranquila. Bueno continuo, entre dentro por saber como son por dentro y por averiguar de donde provenían semejante ruido, observé que frente a la puerta casi pegado a un lado, había un gran sillón de cuero negro con una serie de botones en los reposa manos, los cuales ignoraba su utilidad, pero no os miento si os digo que me extrañaron. Bueno sigo, nada más echar la moneda salió tal estruendo que me asustó muchísimo, hasta yo misma me sobresalte del sillón, pues aquel ruido que salían de aquellos altavoces era una serie de gemidos y jadeos que me hicieron e incluso a mi misma avergonzarme, aunque nadie me veía y aún menos sabía de mi presencia allí. |