Yo la abrí y la habitación estaba a media luz con muchas veladoras en color blanco y rojas, una bandeja con el whisky que a mi me gusta. Me bajo, despacio, con cuidado y empezó a besarme, a acariciarme, pero no tocaba mi pene ni yo el de él. Nunca había tocado otro pene que no fuera el mío, por lo que me daba miedo y expectación el tocarlo. Don Alberto empezó a besarme con más pasión y yo respondía a sus caricias y besos, poco a poco empezó a desnudarme, primero el saco, la corbata, empezó a desabotonar la camisa y conforme lo hacía me besaba más y más. Yo empezaba a excitarme, mi pene estaba medio erecto y cuando él me desabrochó el cinturón y después el broche, el zipper, me bajó el pantalón y el slip. Se dio cuenta de mi semi erección, volteó sus ojos hacia mi y me sonrió. Tocó con la punta de sus dedos mi cabeza, sentí desfallecerme, empecé a suspirar y a gemir. Don Alberto me dijo:

- Antes de hacer nada, quiero conocer tu cuerpo y quiero que conozcas el mío.

Me pareció una fabulosa idea. Yo deseaba verlo desnudo. En mis fantasías, cuando dejaba de trabajar, me masturbaba pensando en como sería su cuerpo desnudo. Me gustaba imaginarme su espalda ancha, su pecho peludo, sus nalgas redondas y, lógicamente, me gustaba imaginarme su pene. Las mejores pajas me las hice imaginándome su pene.

Se desnudó completamente, poco a poco, logrando que me excitara de una manera como nunca lo hice. Cuando quedó totalmente desnudo, se acercó nuevamente a mi, me cargó en sus brazos y me llevó a su cama. ¡Este hombre es fabuloso! ¡toda la cama estaba llena de pétalos de flores blancas! En el aparato había música suave. Todo era como si estuviese soñando. Ni mis mejores fantasías se parecían a esa realidad. Y ahora me asaltaba una pregunta ¿ de verdad era real? ¿ de verdad estaba en la cama del hombre que más amo?. Me depositó, como ya dije, en su cama, muy suavemente e iniciaron los besos, las caricias.

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