Yo también lo abracé y lo besé, nuestras lenguas peleaban por ser las primeras en acariciar. Me sentía en la gloria, se apartó de mi con ternura y puso un CD en el aparato, empezó una canción de Sanz, mi canción favorita. Se acercó a mi, me tomó de la cintura y empezó a bailar conmigo, yo lo único que hice fue recargar mi cabeza en su hombro y abrazarlo de la espalda. Así estuvimos mucho tiempo y me dijo. ¿cenamos mi amor? ¡MI AMOR! ¡Esa palabra era tan dulce!

- Sí -contesté- me encaminé a la cocina y él me detuvo.

- Eres mi invitado, siéntate que ahora mismo traigo la cena.

Cenamos opíparamente, a media luz, con dos velas encendidas, muy romántico. El me besaba a cada momento, me acariciaba la mano, me ofrecía de su plato, me volvía a besar. ¡Era tan tierno, tan dulce! Cuando terminamos de comer me dijo:

- Mi muchachito, ¿quieres hacer el amor conmigo? Mi respuesta fue un beso en esos labios que me hacía desfallecer. Me tomó de la mano, apagó las velas, e iniciamos el ascenso de las escaleras.

Cuando llegamos a la puerta de su alcoba, me volvió a abrazar, a besar y me cargó en sus brazos.

- Abre la puerta mi muchachito - me dijo.

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