Con la mano bastante aceitosa y resbaladiza, me untó el ano, el periné, los
huevos, la polla... y comenzó a curiosear en mi ano. Primero con un dedo, pero
como estaba muy contraído, tardó un rato en introducir un segundo. Ya me
tranquilicé y dejé de poner oposición, lo que hizo que disfrutara más del
movimiento. Lo hacía con mucha suavidad, y estimulando la zona de la próstata
pronto comenzó a estimularme. Cuando mi culo tenía hambre de más, decidió
metérmela, partirme por dentro, llenarme mi caliente agujero.
Yo no sabía que hacer, si apretar, si moverme, si quedarme quieto... Y las cosas
empecé a hacerlas según más placer me ofrecían. Así que primero me relajé y vi
que con menor resistencia, entraba mejor aquel cacho de carne y menos daño me
hacía. La cabeza la tenía gorda, y notaba cómo entraba m mi turno. Volvió a
coger el aceite corporal y lo extendió con las manos por mi pene que estaba al
rojo vivo. Me sentó en la tumbona y se colocó sobre mí. Yo no tenía que hacer
nada, él era el que me cogía la polla y se sentaba sobre ella, controlando la
velocidad a la que se la introducía. Eso me permitía olvidarme de mi torpeza por
la inexperiencia y concentrarme en disfrutar al máximo.
Él ya sabía cómo dilatar rápido su ano. Sin duda era algo que ya había hecho con
frecuencia. Me gustaba verlo sobre mí, insertándose en mi polla, con sus
músculos, su sudor, sus abdominales, su polla ya fláccida y gorda, con algo de
restos de semen... Comenzó a bajar lentamente, introduciéndose mi miembro que
estaba a punto de reventar, de estallar como nunca lo había hecho. Se la metió
entera, permaneció así unos segundos e inició un vaivén arriba y abajo despacio,
para ir aumentando de velocidad según mi cara de placer. Sentía su peso cuando
bajaba, haciendo presión en mi vientre y en mis huevos, y cuando subía me
recorría unas cosquillas por mi polla.
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