Negros

Soy chileno y desde hace mucho tiempo que deseaba ésto. Fue difícil conseguirlo, no se si por temor, vergüenza o simple indecisión, pero finalmente estamos acá, a sólo minutos de iniciar la más atrevida aventura erótica que he imaginado. Al final, después de muchos avisos en Internet pude llegar a conocer al hombre que me ayudará a cumplir esta extraña, pero (para mí) fascinante fantasía que ha rondado por mi cabeza por mucho tiempo ya. Extrañamente, tengo la boca…muy seca.

El lugar arrendado para la ocasión está perfecto. Un loft pequeño, con paredes de madera color roble y sobre ellas espejos del tamaño de una persona adulta. Me reflejo en cada uno de ello, con mis rodillas dobladas sobre una mullida alfombra de piel blanca. Allí lleno de una extraña fe, como rezando, espero que él entre por una de las puertas vecinas.

En cada esquina, el profesional, ha dispuesto dos o más focos de intensa luz que convergen sobre mí y sobre todo lo que me rodea. Al costado de cada uno de ellos – y entre cada espejo - 4 cámaras fotográficas cuyos obturadores (que se disparan simultáneamente con un solo toque de una de ella) ya han plasmado, a modo de ensayo, una que otra “toma” de mi posición en el centro de la sala. Está, entonces, todo dispuesto, sólo falta que entré…él.