Exteriores

Mientras eso pensaba, sintió la mano de Paco que se introducía, ahora por adelante, bajó su trusa y buscaba su verga, una descarga eléctrica sacudió su cuerpo y su miembro respondió al tacto con una inmediata, tremenda e incontrolable erección.

Antes de poder ejercer ninguna otra acción, la hábil mano de Paco le bajó rápidamente la trusa y sintió la caliente, lubricada y durísima punta de aquella verga colocarse a la entrada de su ano. Quiso una vez más intentar zafarse del abrazo, pero no consiguió dominar la fuerza que lo retenía y, sin poder evitarlo, sintió como aquella verga, que le pareció enorme lo fue penetrando poco a poco.

Ahora menos que nunca podría gritar, ahora menos que nunca le convenía llamar la atención y, por otra parte, las sensaciones que estaba experimentando eran excitante y sorprendentemente gratas y la penetración era tan profunda que no tenía ya remedio. Estaba siendo violado y, además, lo estaba disfrutando enorme e inexplicablemente.

El movimiento de mete y saca de Paco empezó perfectamente sincronizado con la entusiasta masturbación que le hacía lo que le produjo, poco a poco, un incontenible placer que fue apoderándose de él y, sin darse cuenta, empezó a mover su cuerpo para apoyar, facilitar y cooperar en la penetración. Aquello no era ya una violación, sino un acto de placer compartido que lo tenía cautivado.

Oyó que la voz de Paco le preguntaba en voz queda.

- ¿Te está gustando? ¿Es tu primera vez? -Si, es mi primera vez y me está encantando. No te detengas por favor, sigue. Dale duro, más duro, métela toda, esto es verdaderamente delicioso. Nunca había disfrutado una cosa así. No te detengas, síguele dando, mátela hasta el fondo. Dale duro, más, más. Así. Métela. Toda, toda, toda.

Cuando sintió que Paco detenía el movimiento manteniéndola hasta lo más profundo y que aquella verga palpitaba y respingaba con mucha energía dentro de él, comprendió que su culo estaba recibiendo, por primera vez unos abundantes trallazos de semen y eso lo hizo sentirse agradecido y feliz. Había descubierto una nueva forma de placer.