Ambos eran poseedores de cuerpos físicamente bien formados y su breve trusa no
lograba ocultar lo bien dotado de su virilidad; se acostaron, se dieron las
buenas noches y apagaron la luz.
Cándido se sentía un poco incómodo, pero determinó cerrar los ojos y tratar de
conciliar el sueño para lo que se volteó dándole la espalda a Paco. La falta de
costumbre de dormir en compañía le impedía abandonarse a dormir por lo que
permanecía despierto, aunque permanecía quieto, callado y con los ojos cerrados.
Repentinamente, sintió que Paco se acercaba a él y, posiblemente dormido, pasaba
el brazo sobre su cuerpo, abrazándolo por la cintura, intentó zafarse del
abrazo, pero éste era tan firme que no lo consiguió. Desistió del intento de
separarse, después de todo no era la primera vez que un amigo lo abrazaba sin
trascender a algo más que un gesto amistoso, por lo tanto, no le dio importancia
al hecho e intentó, nuevamente, empezar a dormir, dejando el brazo de su
compañero rodeando su cuerpo aunque ese contacto le producía un cierto
nerviosismo.
El nerviosismo aumentó cuando sintió la cálida respiración de Paco pegada a su
oreja y aquella la verga, la de Paco, creciendo y endureciéndose, así como
ubicándose en la raja de su culo en la posición exacta para iniciar una
penetración. Cuando sintió a aquel instrumento hacer a un lado su trusa y
apoyarse en su virgen ano, intentó, con más fuerza y firmeza, separarse de su
compañero de cama, pero el abrazo era bastante firme y no pudo lograrlo ¿Qué
procedía hace en ese caso? pensó alarmado ¿utilizar la fuerza y reclamar el
hecho con una actitud violenta? eso equivaldría a un escándalo que era
conveniente evitar ¿quién le iba a creer que todo eso estaba ocurriendo sin su
consentimiento?
Después de todo él había aceptado compartir la habitación, se había acostado
semidesnudo y había permitido el abrazo, así que, lo más probable era que su
imagen fuera la más dañada si había alboroto. Había que buscar apresuradamente
otra solución.