No puede bajar a sus muslos, de inmediato metí su miembro en mi boca e inicié la
mamada más grande de mi vida. Yo no tenía experiencia, pero mi intuición me
decía como hacerlo. De hecho, se lo hacía como en mis sueños me lo hacía él a
mí. Agarré una de las almohadas de su cama, los pétalos de las flores volaron
sobre él, le puse la almohada bajo su cadera y le abrí las piernas hasta lo
máximo e inicié a lamerle el ano, lamía, succionaba, mordisqueaba, en fin, lo
hacía vibrar. En eso, él empezó a mover la cadera en circulos, de arriba hacia
abajo, nuevamente en círculos y me dijo:
- Sepárate mi chiquito, me voy a venir, voy a eyacular. Me estás dando la mamada
más grandiosa de mi vida, ya no aguantoooooooo. Gritó fuerte y se vino en mi
cara, yo quería ver como salía su leche, así que me quedé ahí, viendo como se
venía. Para mi gran sorpresa, su miembro siguió erecto, no se bajó, y entonces,
él me dijo: - Ahora te toca a ti bebé.
Yo solo sonreí y me acomodé en la cama con la almohada en mi cadera Mi pene
estaba muy erecto, y el roce de su boca en mi capullo me hizo empezar a moverme
igual que él lo hiciera un rato antes. Dejó de mamar mi verga y me miró a los
ojos y me preguntó:
- Amor, ¿quieres que te penetre? - Si Don Alberto, hágame suyo, pero con
cuidado, por favor, nadie me ha penetrado antes.
- ¿de vedad? ¿eres virgen? ¿me darás a mí algo tan hermoso? - Lo amo Don
Alberto, quisiera pertenecerle, deseo pertenecerle más de lo que ya soy suyo.
- Mi niño, me haces feliz. Ven, acuéstate así.
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