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Ya no aguantaba más, le avisé y de un salto se puso de rodillas delante mío. Sin
dejar de mirarme a los ojos, se metió mi tranco en la boca y succionó con todas
sus ganas. Intenté aguantar, pero eso me hizo explotar con más fuerza, no puede
evitar gritar y disparé. La boca de Alex se llenó de mi leche, que se le escapó.
Mi polla no paraba de manar semen, y él me daba lengüetazos, llenándose de ese
jugo pegajoso toda la cara. Yo llegué a tal éxtasis, que por un momento creí que
iba a perder el conocimiento, Alex se encargó de no dejar rastro con su lengua y
se acercó a besarme y que probara de mi propio semen.
Me abrazó y sentí su calidez aún más cercana. Dormimos uno junto al otro, él
abrazado a mi como si de un niño pequeño se trataba. Le di muchas vueltas a la
cabeza mientras él dormía placidamente y satisfecho. Pensé en mi novia, en Alex,
en mi. Me lo había pasado genial y había disfrutado como nunca. Por la mañana,
ya recuperadas las fuerzas y las hormonas, Alex me volvió a hacer otra mamada,
muy lentamente. Saboreando cada centímetro de mi carne, y después se la hice yo.
Pude disfrutar con más conciencia de su sabor, de sus huevos, de las venas de su
polla, de su leche caliente. Nos llevamos un buen rato hablando de lo que había
ocurrido, y nos convenció la sinceridad con la que hablábamos ambos. Nos
volvimos a reír mucho, recordando la pelea en el agua, los chistes, las
bromas...