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Durante todo el viaje a su hogar, intenté buscar el momento exacto para preguntarle acerca de qué estaba sucediendo. Miré su rostro pálido cuyos ojos color miel claro miraban como hipnotizados hacia el pavimento por detrás de sus anteojos y no encontré ese instante que buscaba.


 

Llegamos al frente de donde vivían sin cruzar más palabras en todo el trayecto que me pareció demasiado más largo de lo que realmente fue. Yo estaba a punto de enloquecer, suponiendo cosas completamente contradictorias unas a otras, pero que mi inconsciente intentaba averiguar por sus propios medios, y se negaba a darse por vencido hasta no encontrar una respuesta a todas las incógnitas, que lamentablemente quedaron sin dilucidarse hasta ese momento.

 

 

Bajamos del automóvil, y sin esperar a que yo llegara a la entrada abrió con su llave la puerta del edificio, lo que me hizo correr para no quedarme afuera antes de que ésta volviera a cerrarse lentamente.

Lo notaba enojado, tal vez furioso.

Pero, lo estaba conmigo?

Eso era lo que me tenía mucho peor. Era incapaz de distinguir si ese sentimiento negativo era hacia mi, o hacia su mujer, o tal vez aún peor si era hacia ambos.

Advertí que ahora sí me esperó en el ascensor hasta que entré antes de cerrar ambas puertas, y acto seguido apretó el botón número 5.

Tampoco allí intercambiamos palabra alguna.

Lo miré en dos oportunidades, y en su rostro sólo se notaba tristeza extrema, me devolvió la mirada y volví a ponerme muy nervioso, porque adiviné que algo terrible estaba a punto de suceder en unos momentos más.

Me quedé totalmente con las ganas de preguntar algo. Lo que fuera. Como para romper el hielo. No podía verlo así. Pero no pude emitir ni una sola palabra ya que se me había formado un nudo en la garganta por el estado nervioso en que me encontraba.

Aún sabiendo que yo era inocente de todo, no estaba tranquilo, y quería decírselo, pero verlo con ese semblante, me daba ganas de romper a llorar y por ese mismo motivo me veía impedido de abrir la boca.

Me lastima interiormente ver a un gordo triste. Es como sentir un puñal clavado en el pecho. No puedo soportar verlos de otra forma que no sea sonreír.

El elevador se detuvo en el destino.

Ambos lo dejamos atrás.


Muy silenciosamente, Juan abrió con su llave la puerta del departamento, y sin prender la luz fue directamente a su dormitorio seguido de cerca por mi, que seguía temblando de miedo y transpirando a chorros.

Aguardó unos segundos, que me parecieron interminables, y antes de abrir la puerta de una habitación puso su dedo índice perpendicular a sus labios, indicándome que guardara silencio, lo que me dejó aún más desconcertado. Finalmente la abrió. Supuse que era su dormitorio aunque estaba totalmente a oscuras y en silencio sepulcral por lo que no pude ver absolutamente nada en su interior, y como no conocía la ubicación de los muebles, me quedé aguardando, parado en la entrada de la habitación. Juan desapareció en la penumbra, escuché sus pasos suavemente y sentí cómo abría primero una puerta, que adiviné que sería de un placard, luego un cajón, y volvía a caminar. De pronto, encendió la luz de mesa del costado de la cama, y se me heló la sangre apenas con la primera imagen que vi.


Juan estaba con un revólver en la mano, encañonando la cabeza de su mujer que estaba durmiendo al lado de otro tipo.

"ASÍ TE QUERÍA AGARRAR, HIJA DE MIL PUTAS." Dijo en voz alta y lleno de cólera, mientras ella salió de su sueño abruptamente.

El otro tipo también despertó y pegó un salto que lo sacó de la cama dejando en evidencia que estaba sin ropas.

 

"HIJA DE MIL PUTAS! DIME SÓLO POR QUÉ, ANTES DE QUE LOS CAGUE A BALAZOS A LOS DOS." Gritó Juan apretando fuertemente el caño de su revólver contra la frente de su esposa que estaba completamente desnuda en la cama.

 

"Juan, por favor! No lo hagas!" Rogué desesperadamente, teniendo la certeza de que él estaba completamente enceguecido de ira y que ese gatillo podría ser apretado por su gordo dedo nervioso en cualquier momento, y temiendo aún por todo lo que pudiera suceder después.

"LOS VOY A MATAR, LOS VOY A MATAR A LOS DOS. YA SOSPECHABA QUE ERA UN GORDO CORNUDO. LA PUTA MADRE QUE ME PARIÓ." Continuó gritando, cada vez más enfurecido, como no queriendo reconocer qué era lo que le estaba sucediendo. Negándose a admitir lo que finalmente comprobó, ya que cada segundo que pasaba asimilaba un poco más aquello que lamentablemente ya estaba demasiado claro, y que ese era el motivo por el cual se encolerizaba aún más. "Y TÚ NO TE ATREVAS A MIRARME A LOS OJOS, SORETE DE MIERDA, QUE TE VOY A PEGAR UN TIRO EN LAS BOLAS, LA CONCHA DE TU MADRE."

El tipo bajó la mirada hacia el piso, y pensé que se cagaría directamente sobre la moquete del dormitorio.

No pude respirar aliviado ni siquiera al comprobar que nada de lo sucedido tenía que ver conmigo, ya que continuaba extremadamente alterado por lo traumático de la situación. Tuve en claro que bien podría haber sido yo el que estuviera temblando de terror al costado de la cama, parado completamente desnudo como un pollito mojado y ocultando los genitales con ambas manos. Pero por suerte mi conciencia estaba tranquila, ya que nunca había tenido la tentación de ser cómplice de los juegos sexuales de esta mujer. Aún así, yo tampoco dejaba de temblar.

Agradecí a Dios, el haberme hecho así. Que sólo me atrajeran los obesos, y que ella no lo fuera. Definitivamente, y estaba plenamente seguro de ello, fui consciente que ése era el único motivo por el cual no era yo mismo el que me encontraba en esa posición tan vergonzosa.

Su mujer, jamás emitió palabra alguna. Absolutamente nada. No dijo ni "Ay".

Juan me pidió que encendiera la luz principal de la habitación.

Lo hice y lo miré temiendo que podría disparar en cualquier momento, y realmente creí que lo haría, por lo que me acerqué apoyándole mi mano en su hombro. Su mirada desenfocada y furiosa, cambió repentinamente como por arte de un milagro. Es como si hubiera retomado su control interno. Estuve completamente convencido que a partir de ese momento fui su cable a tierra, el causante de hacerlo volver a la realidad, tan solo con mi mano en su hombro, tan solo con el paso de energía que invariablemente había entre él y yo cada vez que teníamos un contacto corporal. Su arma aún seguía apoyada en la frente de su esposa que temblaba de miedo, del mismo modo que el otro tipo continuaba parado al costado de la cama. Todo seguía igual, excepto que ya tuve la plena certeza que Juan no apretaría nunca ese gatillo. Sus ojos cambiaron de estar enfurecidos a tener lástima por la persona a la que estaba viendo. Mirarle a esos ojos color miel claros era como leerle la mente. Algo parecido a la telepatía. No necesitaba emitir palabras en determinados momentos para conocer lo que estaba pasando por su mente. Me hubiera gustado haberlo hecho antes de llegar al edificio para no tener que vivir los momentos angustiosos que viví. Pero bueno, lo importante es que ya mi respiración y ritmo cardíaco comenzaban a normalizarse muy lentamente.

La tomó de un brazo y la arrancó literalmente de la cama.

"Tú, ven conmigo." Le ordenó con autoridad señalando con el revólver al tipo que llegué a pensar que si finalmente no se cagaba, bien podría mismo orinarse en cualquier momento por el terror que debía sentir.

Juan llevó a su mujer desnuda casi en el aire, abrió la puerta de entrada al departamento y la expulsó violentamente hacia fuera, haciéndola rebotar contra la pared antes de caer al suelo.

Tomó del brazo al otro tipo que ya estaba casi justo detrás suyo y lo echó de la misma forma.