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- 230 pesos! – reclamó alguien antes que terminara las palabras de Luis. Era Doroti, la chica más platuda del colegio.
- 300 – dijo el joven rápidamente.
- 360...
- 400!...
Las gentes miraban uno a otro como si la pelota pasara de una cancha a la otra.
- Dios, en qué he metido – pensó David mirando a los dos desde el escenario.
- 1000 pesos... – dijo Doroti dibujando una sonrisa de victoria que no le duró por mucho.
- 3000 pesos!.
Todos estaban sorprendido, hasta la presuntuosa Doroti se puso pálida al escuchar dicha suma. Ella podía encapricharse, pero pagar una suma así para quedarse con un chico, no era una coartada razonable.
- Vendi...do a aquel joven.... – tartamudeó Luis quien se sentó en la silla por tanta tensión que pasaba.
Como si no le molestara de las malas miradas de los demás, el joven acercó a la mesa con una sonrisa jovial y cuando quitó su billetera, entregó la suma como si se tratara algo exiguo para él. Contando una y otra vez, Luis verificó los billetes. Nunca había visto tantos billetes de 100 pesos en sus manos.
- Negocio cerrado? – preguntó el joven.
- Si... aquí tiene la llave. Recuerde que debes soltarlo hasta las 6 – dijo Luis sin levantar su mirada en los billetes.
- Bueno, vamos? – expresó esta vez mirando la cara sorprendida de David.
- Eh... si... – y se adelantó.
- Dios, vendimos a David por 3000 pesos – dijo Joan aun con su cara de sorpresa. – Nunca pensé que ganaríamos tanto...
- Si... Pero quién será ese chico?... Como diablo tiene tanto dinero para gastarlo así en un juego – dijo Luis manoseando los billetes.
- Puede ser que esa un hijo de un millonario...
- Bueno... No importa. A final, espero que lo trate bien...
- Quien?... El joven?
- Idiota, yo me refiero a David... – dijo Luis mirando cómo se alejaban esos dos chicos. – Sabes que David tiene un carácter... ya sabes, algo muy espontáneo...
Guiado por David, ambos llegaron a la cancha de tenis donde había pocas gentes paseándose.
- Bueno, ahora me puedes soltar – dijo David pasándole sus manos esposadas.
Con una cara confundida, el joven lo miró.
- Suéltame – ordenó esta vez.
- Por qué debo hacerlo?
- Pues yo... – ruborizó al sentir su mirada. Francamente el joven era muy apuesto. Era ligeramente más alto y tenía puesto una camisa negra con un jean negro. Su cabello castaño oscuro y su par de ojos de leonado combinaban perfectamente.
El joven empezó a reírse irónicamente.
- Por qué te ríes?. Acaso disfrutas ver a alguien en aprietos? – preguntó David con una voz ofendida.
- No es gracioso?... De conocer a alguien así?... – y siguió su risa.
- NO! – chilló con rabia.
- Perdón... – y guiñó su ojo – Me llamo Julian, Julian Conant... pero mis amigos me llaman Lucho y tú?
- David... – contestó fríamente.
- Bueno, David... Te daré tu liberta si me devuelves mi dinero – dijo Julian jugueteando la llave que tenía en su mano.
- QUE?! Dónde voy a conseguir tanto dinero?
- Si no puedes, debes pasar conmigo hasta las 6 de la tarde... – dijo Julian con una sonrisa maliciosa como antes.
- Y qué exactamente quieres hacer conmigo hasta las 6 de la tarde?
- Bueno, hay muchas cosas... primeros debemos conocer mejor...
- Yo no quiero conocerte! – dijo algo sobrecogido.
- Bueno, si es así, podemos pasar a la siguiente ronda – y agarró su mano y empezó a caminar.
- Qué estás haciendo?... Suéltame! – exclamó David intentando librarse, pero el sujeto era mucho más fuerte que él. Mas continuó su lucha.
- Veo que eres muy terco... – dijo mientras lo soltaba. Viendo la cara enfadada de David, Julian soltó otra risa – Bueno, si es así, te soltaré si puedes quitar la llave... – y dejó caer la llave dentro de su pantalón.
- AH!!!... Qué hiciste?! – gritó David mirándole con pánico.
- Si consigues quitar la llave dentro de mi anatómico, te dejaré libre.
Por unos instantes, David se puso pálido como si estuviera apunto de perder su conocimiento. Estaba totalmente alterado, chocado, impactado, confundido, y sobretodo excitado. Después de analizar la situación con su mente más despejado, dijo suspirando:
- Bueno, mejor pasaré contigo toda la tarde. Así tú serás quien va a quitar la llave. Pues tarde o temprano debes hacerlo o sino vas a pagar la multa...
- Buen intento, pero yo estoy dispuesto a pagar otro 3000 pesos para quedarte contigo... No es un precio caro para mi.
- QUE!!... Eso nunca sucederá!... Mis amigos no harán eso.
- Te vendieron una vez, no veo la inconveniencia de hacerlo de nuevo – y soltó una risa burlona – Por qué no admitís que soy superior ante ti?. Que soy tu dueño... A final eres mi esclavo...
David suspiró sagazmente. Sabía que el joven tenía razón. Sus amigos lo venderían de nuevo. Pues quién rechazaría 3000 pesos... Si quería salir lo antes posible, era mejor conseguir la llave, pero...
- Y qué dices, mi esclavo David...
- Vamos al baño, aquí hay demasiada gentes y no podré quitar la llave... – dijo con la cara avergonzada.
Lo dos caminaron al baño de la cancha donde estaba temporalmente clausurado su uso por estarse descompuesto. Una vez adentro, David aseguró la puerta, pues no quería que nadie le viese poniendo su mano en el pantalón de otra persona.
- Que quites su pantalón – ordenó.
- Por qué no me lo quitas tú?... Así será más divertido – dijo Julian poniendo una cara feliz. - QUE!... a la mierda... voy a quitar la llave así nomás – e intentó meter su mano no antes de poner todo colorado su cara. Pero como tenía las manos esposadas y encima la prenda era casi a su medida, no pudo colocarlo.
- Es mejor que me quites el pantalón... Así podrás tener mejor acceso.
Después de un largo suspiro, David obedeció. Bueno, era sólo bajar el pantalón de un desconocido. Titubeaban un poco, bajó cuidadosamente la cremallera y luego los botones. Entre la prenda, se veía el bóxer de color azul marino. Cuando David intentó meter uno de su mano, Julian lo sujetó y dijo:
- Tratalo bien....
Con la cara más ruborizada, prosiguió el acto. En cada centímetro que bajaba su mano, Julian gimió suavemente quejando al chico más tenso que nunca. Jamás había estado en una situación con ésta, mucho menos con un hombre. Cuando sintió un objeto duro, agarró pensando que fuese la cosa que buscaba.
- A...si.. así... – decía Julian cerrando sus ojos.
Asustado, quiso quitar su mano, pero el otro estorbó sujetándole con sus manos. Abrazó para que sus cuerpos se chocaran y luego dijo con una voz sexual en el oído de David: - Continua... estás muy cerca...
Como si hubiese perdido su autocontrol, David bajó de nuevo su mano ubicándose en aquel lugar donde había agarrado algo. Era grande y duro... que cada vez aumentaba su tamaño. Y lo raro, no le daba asco de seguir tocándolo sutilmente, incluso estaba muy excitado por la situación en que se encontraba. Pues, estarse en brazo de un hombre con la mano metido en su anatómico, no era un evento usual.
- Sabes algo, esclavo... ya agarraste la llave de tu placer...
Acto seguido, lo besó salvajemente. Sorprendido, David no sabía cómo corresponderlo, pues nunca había besado de una manera como esa. Julian siguió atacando, intentando explorar con su lengua cada milímetro de su boca. Solo se separaron cuando sintieron la falta de aire en sus pulmones. Pero Julian no dio tiempo para que David hablara, pues lo besó de nuevo, cada vez con más intensidad.
- Ah... ah... – gemía David cada vez que su boca estaba libre.
Esta vez besó su cuello, mientras que sus manos se ocupaban de desbotonar los botones de su camisa, pero como tenía sus manos esposadas, no pudo desnudarlo por completo. Mientras mordisqueaba una de su tetilla, aprovechó esta vez bajar el pantalón que cayó sin resistencia.
- Esclavo, te voy a enseñar que la libertad no es nada comparando con la cosa que te voy a hacer... – arrastró a uno de los inodoros del baño y lo obligó que se sentara en el inodoro con la pierna abierta.
- Dios, no me arrepiento de pagar tanto dinero por tenerte así – dijo Julian mirándolo con sus ojos sorprendido.
Era como ver una escultura griega con los finos detalles, hecho exclusivamente para él. Se excitó aun más cuando vio cómo sonrojaba David intentando ocultar su rostro con sus manos esposadas.
- No escondas, quiero ver tu hermoso rostro... – ordenó sujetando su barbilla.
- Ya déjame... – dijo David gimiendo. Su mente decía que se defendiera, que le diera una patada al tipo y que saliera corriendo antes que la cosa empeorara, pero su cuerpo no lo obedecía. Era como estuviera bajo un hechizo obstruyéndole toda clase de acto.
- Tú no estás en posición de darme órdenes – y besó de nuevo, mientras sus manos quitaba la única prenda que cubría su miembro. Al ver el miembro semirrecto, suspiró – Veo que tu polla necesita un poco de atención – y empezó a masturbarlo, mientras mordisqueaba una de su teta.
- Ah... Ah... más despacio, por favor – quejaba David de la brutalidad que hacía Julian con su miembro.
- No seas un flacucho – y siguió estirándole hasta que la polla estuviera bien dura – y ahora, es hora de la comida...
Y se arrodilló para estarse a la altura de su polla, separando sus piernas con sus hombros. Con suma delicadeza, empezó a lamer desde la punta hasta el fondo, sin dejar de probar todo su largor, una y otra vez. Hacía en la forma más ágil que sólo brindaba con la experiencia.
- Ah... ya... basta.... – decía David, pero sonaba como una mentira barata.
Con un poco de dificultad, lo metió todo en su boca y con su lengua, empezó a succionarlo. Suprimiendo un gemido, David hecho su cabeza hacia atrás, intentando no perder el control de su cuerpo. Cuando pensó que había probado más que suficiente, Julian dejó de chuparlo provocando una ligera queja de su oponente quien angustiaba liberar su vigor. Pero éste tenía otros planes. En vez de dejarlo correr en su boca, quería que fuese en su mano ya que necesitaba algo de lubricante para el siguiente evento. Con una mano, empezó a masturbarlo de nuevo y con la otra, empezó a buscar aquel agujero que estaba no tan lejos. Al meter su primer dejo, escuchó el gemido y la desesperación de su esclavo.
- Ya tranquilo... – mientras seguía ocupándose la tarea con sus dos manos. - Ah.. ya no aguanto... más... me corrooo.... – gemía David convulsionando unas cuantas veces su cuerpo.
- Bueno, ahora tenemos lubricante... – dijo Julian juntando los chorros que disparaba la polla de David y lo metió en la entrada de su culo. – Así, ahorraremos tiempo... – y metió otro dedo.
Por la forma que respondía ante la invasión de sus dedos, se había dado cuenta que el chico aun era virgen. Que nadie había apoderado de ese oficio y orgullosamente, él sería el primero. Estaba bien estrecho, como a él le gustaba y esas contracciones, era muy comprometedor. Ya muy excitado, Julian decidió hacerle caso a su miembro que gritaba desesperadamente aun atrapado en la prenda. Bajó su pantalón como así su anatómico dejando libre a su enorme polla que apuntaba hacia el techo. Al ver el descomunal arma de su oponente, David se puso tenso y quiso levantarse para escapar. Sabía que esa cosa le destrozaría su ano, al menos si lograba entrar.
- No escaparás ahora – y sujetó sus piernas para colocarlos en sus hombros, así tener un mejor acceso – aun no hemos comenzado con el principal – y guió su polla hacia la entrada.
- No... te lo suplico – decía David desesperadamente sintiendo como la cosa invadía su nalga.
- Te prometo que seré cuidadoso – y agarró la cintura de su oponente quien intentaba alejarse, estirándole hacia su miembro provocando una brusca entrada, pero solo la cabeza de la polla.
- AH!!... – gritó de dolor y movió bruscamente para ver si podía librarse pero Julian sujetó fuertemente su cintura para que no se escapara. Sabía que va acostumbrarse, sólo era cuestión del tiempo. Esperó a que el joven acomodase pacientemente, y de luego empujó, con más fuerza. Y siguió así, por un buen rato, hasta que lo penetró todo. Sentía cómo el músculo del orificio estrechaba a su miembro, intentando despojarlo de aquel túnel.
- Duele... – gemía David con lágrimas en sus ojos. Por su boca, respiraba el aire contra la agonía que sufría su cuerpo.
- Ya... tranquilo.. ya te pasará – dijo besando frenéticamente su rostro con el afán de tranquilizarlo. Sabía que era su primera vez, que era doloroso...
Cuando el rostro de David era más tranquilo, signo que el dolor había dulcificado, empezó a mover, pero muy lento, incluso diría bien perezoso, haciendo lo menos posible el daño que podía ocasionarle. En cada movimiento, escuchó como gemía David, por placer que dolor... El ritmo fue creciendo como así la intensidad de su penetración. El gemido de ambos se escuchaban como unos animales furiosos.
- Ya... no ... puedo... más .... – decía Julian moviéndose unas cuantas veces para meterlo más hacia al fondo y con un aullido, empezó a bombardear su chorro de llama blanca de placer en el orificio.
David emitió un profundo gemido de placer, cerrando sus ojos. También había corrido mojando su vientre como así de su oponente. Se quedaron por unos instantes así, sin ejecutar ningún clase de movimiento. Sólo respiraban hondamente el aire para pagar la deuda de oxigeno en sus pulmones.
- Eso fue maravilloso – exclamó Julian y buscó de nuevo sus labios para besarlo.
- Si... – dijo David después del beso, abriéndose sus ojos para verlo.
- Nunca imaginé que este tipo de juego sea tan divertido – dijo Julian retirándose, algo que no pudo evitar el quejido de dolor del otro.
- Por curiosidad, dónde está la llave?... – preguntó David intentando ponerse en pie – pues desde el principio la llave no estará allí...
- Un buen mago siempre tiene preparado su truco bajo su manga – y se quitó la llave que estaba en el bolsillo de su camisa. Soltándole las esposas, continuó: - creo que pasamos el límite del tiempo. Ya son 6 menos 5...
- No te preocupes, yo hablaré con mis compañeros. A final era sólo un juego...
Pero no terminó de decir, sus labios fueron sellados por un beso.
- Quien te ha dicho que era sólo un juego – dijo mirándole con cariño – estoy dispuesto a pagar otra suma si puedo quedarte para siempre contigo...
Y los besaron de nuevo... |