Latino
De un segundo a otro aquella
verga se hinchó de manera descomunal, llegaba la leche y yo la esperaba sin
sacarla de mi. Las piernas del negro se tensaron, la espalda se dobló
enérgicamente y un grito demoledor anunció cada espasmo que recorría su erecto
pene empujando todo el contenido acumulado, hacía adelante y hacia fuera del
pene, directamente dentro de mi boca.
Cerré los ojos y esperé que la gravedad hiciera lo suyo, así el espeso líquido
cayó, no sólo en el recipiente que la esperaba y succionaba, como un bebé lo
hace con su mamadera, sino que en toda mi cara, en mi cuello y, especialmente,
en mi alma satisfaciéndola completamente. La respiración agitada de todos los
que observaban aquel supremo espectáculo inundaba cada espacio y haciéndome
sentir como la única hembra de una manada en celo. Tragué todo: fue salado, fue
espeso, fue delicioso.
Norman se sentó extenuado. Yo caí sobre la blanca alfombra todavía muy erecto.
Mi orgasmo fue absolutamente mental, así es que pude saborear completamente
aquella enorme verga negra, mientras mis morbosos deseos aun estaban latentes en
mi cuerpo, sin embargo no pretendía nada más por ahora. Todos lo entendieron así
y en un pasmoso silencio, desmontaron todos los equipos y se marcharon, junto
con aquel hermoso ejemplar de color.
Dos semanas después y, según el acuerdo tomado con el fotógrafo, me llegaron por
correo certificado las fotos. Todas magnificas, grandes, de papel brillante, en
ediciones de lujo. Simplemente soberbias. Al correrlas una por una, pareciera
que se movían al mismo ritmo que las caderas de aquel negro. Las 15 últimas son
sublimes: Aquel maravilloso orgasmo que inundó mi boca desbordándola por
completo, quedó plasmado fielmente en cada una de éstas. El semen blanco de
aquel potro negro corría por todo el frente de mis labios como una inmensa
cascada, que busca alimentar a los pequeños ríos que están a sus pies y más
allá. Esa sólo imagen provocó en mí un orgasmo físico inigualable después del
cual pude dormir como un bebé.