dsd

 

jovenes gay sexo gratis gay Las fotos gay Los videos gay sexo gay

Se miraron por un minuto y uno de ellos me respondió que de inmediato me traería algunas. El muchacho morocho abrió la puerta de una de las letrinas que había a su derecha y resultó ser una puerta falsa, que conducía a un pequeño depósito de productos de limpieza. El rubio se quedó a mi lado mientras me ofrecía un cigarrillo que yo rechacé por tener ambas manos mojadas.

El chico se sonrió y me dijo que lo lamentaba mucho. Y comenzó a entablar una conversación conmigo, me contó que el trabajo que hacía en el parque era sencillo pero agotador, y que la paga no era muy buena. Yo hice algún comentario sobre la economía de mi país y él asintió.

Tenía una manera muy sensual de pitar el cigarrillo, casi diría que me calentaba de sobre manera observarlo. Entrecerraba los ojos en cada pitada y largaba el humo suavemente y con una especie de mueca en la cara que le dibujaba algo así como una sonrisa a medias. No me di cuenta mientras lo observaba que el otro chico me estaba ofreciendo algunas toallas para secarme, las tomé, me sequé y me despedí de los muchachos.

Cuando estaba por salir uno de ellos, el rubio, me dijo "ahora si querés podés fumarte uno ¿no?" me sonreí y acepté el cigarrillo que me ofrecía. El morocho le comentó al otro que debían ir al depósito a ordenar un poco, y yo me ofrecí a ayudarlos un rato. (Mis amigos, que me conocen bien, no se preocuparán por un pequeño retrazo). Ellos se negaron, pero ante mi insistencia aceptaron mi ayuda. Entramos al depósito, y allí pude observar que era más grande de lo que parecía. Al entrar cerraron la puerta y comenzaron a apilar cajas y rollos de papel. Yo los ayudaba mientras conversábamos de nuestros nombres y lugares de residencia.

Dentro del depósito el calor era insoportable y ellos se quitaron sus remeras dejando ver sus torsos transpirados. Yo me empalmé de inmediato. Les comenté que el calor era terrible y me dijeron que me saque la remera si quería, y así lo hice.

Entre caja y caja que acomodábamos noté como el morocho rozaba de vez en cuando el culo del rubio, hasta que el otro le dijo que si quería tocarle el orto que lo haga de una vez y bien. Yo me sonreí ante la respuesta, pero me quedé helado cuando el rubio se bajó los pantalones y dejó su culo al aire. El morocho sin dudarlo demasiado, se llevó dos dedos a la boca