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Mini Relato:
-Yo jamás podría hacerte daño mi bebé precioso- -¿en serio soy tu bebé?-
-si, eso y mucho más: eres mi vida, eres mi mundo, eres mi amor y mi
alma también, contigo aprendí a vivir, a jugar, a gozar, a ser feliz y
ahora quiero yo hacerte feliz a ti, ¿me dejas hacerlo?- -claro, hazme
volar como solo tu podrías hacerlo, vuélveme tuyo desde ahora y para
siempre y prométeme que nuestro amor jamás acabara y nuestro placer será
infinito, promételo, ¿si?- -mi corazón, mi alma y mi cuerpo jamás
tendrán mejor dueño que tu, mi bebé hermoso.
Nuestros corazones y nuestras almas ya jamás podrán separarse y
tendremos que afrontar las consecuencias, pero nada de lo que venga en
nuestra contra me afectará ni me dañará si tu estás siempre junto a mi,
tu también debes prometerme que seguiremos siempre juntos mi Andy
hermoso, mi bebé, mi vida- -te lo prometo y te propongo para sellar
nuestro convenio que tomes posesión de mi en primera instancia, para
luego yo verter mi amor en el tuyo, verter la sangre de mi sangre, mi
perdida descendencia, mi néctar de los dioses- le dije por ultimo y
comenzó lo que ya se veía venir, la hora de la verdad, la hora de la
prueba de fuego, de la prueba de amor, de la firma del contrato, del
sellamiento de nuestro matrimonio espiritual:
Me empezó por lamer el cuerpo entero, sin dejar centímetro cuadrado de
mi piel sin recorrer por su húmeda y cosquilleante lengua rosada y
ambarina a la luz de mi mesa de noche, que representaba un David de
Miguel Ángel sosteniendo en su desnudes una bombilla cubierta por una
pantalla de vitrales hermosos apoyada de su cabeza. Francisco ponía
especial atención a descubrir el sabor de mis pezones, mi escroto, mi
glande, mis pies, los dedos de mis manos y sobre todo el de mi culo,
rodeado de un ralo pero supongo sabroso llano de pastizal dorado, que
más que dorado se asemeja al color de la avellana y que por resultado de
la magnifica luz que aquel David nos aventaba encima, lucia en su
esplendor de dorados destellos.